Puede considerarse una de las desilusiones más grandes del torneo, a pesar de haber llegado tercero con los mismo puntos, 74, que el segundo Juventus y de haberse mejorado en 10 unidades y dos posiciones con respecto a la temporada anterior.
En efecto Milan, sin Champions League, arrancaba con el objetivo declarado de ganar el campeonato local y la Copa UEFA, pero en Europa salió en 16vos de final y en Italia ya antes de la Navidad había quedado lejos del puntero, para luego ser definitivamente eliminado de la lucha con la derrota en el clásico ciudadano de vuelta, el 15 de febrero.
Los 74 puntos fueron el producto de 22 victorias, 8 empates y otras tantas caídas, 70 goles a favor (la mejor marca del torneo junto a Inter) y 35 en contra (la segunda mejor defensa del campeonato).
El rendimiento como local fue brillante, el segundo mejor del torneo después de Inter, 45 puntos productos de 14 triunfos, 3 nulos y 2 caídas; en cambio, como visitante el balance fue inadecuado (29 puntos, 8-5-6).
El problema de Milan fue esencialmente de personalidad. Es verdad que cuando el equipo pudo jugar sin lesionados importantes metió excelentes rachas de triunfos, inclusive ganándole al propio Inter, y también es cierto que Nesta y Borriello no estuvieron nunca y que en el curso de la temporada se lastimaron gravemente Gattuso y Abbiati.
Pero si uno se fija en los últimos cuatro de la tabla, se dará cuenta de que Milan igualó con Lecce, Reggina y Torino y perdió con Bologna: ahí están nueve de los diez puntos de diferencia con Inter. Es decir que Milan perdió la chance de luchar el título en los enfrentamientos con los equipos más débiles, lo que nos habla a las claras de un problema de tipo caracterial.
En efecto, una vez más Carlo Ancelotti mostró lo mejor de su repertorio, es decir un juego por momentos brillante y muy ofensivo, seguramente más atractivo y divertido que el de los demás, pero también lo peor, es decir la falta de espíritu de lucha y la poca predisposición al sacrificio de sus dirigidos.
No puede ser un caso que Ancelotti sea, en los torneos de liga, el entrenador mundo con mayor cantidad de segundos puestos del mundo.
Debe ser por eso que el presidente Silvio Berlusconi decidió, al final de la temporada, dejar que el entrenador cumpliera su precontrato con Chelsea: quizás con su estilo en Inglaterra podrá sumar nuevos y aún más brillantes éxitos.
Milan, en cambio, quedó en las manos de un debutante, Leonardo, otra apuesta de ese gran descubridor de entrenadores (Sacchi, Capello) que es Berlusconi.
Con respecto a las presencias, el brasileño Pato, con 27 apariciones como titular y 9 llegando desde el banco, fue el que sumó más partidos jugados, pero a nivel de minutos quedó detrás de Zambrotta (3064), Jankulovski (2783), Maldini (2729) y Clarence Seedorf (2713).
El máximo anotador fue Kaká, con 16 tantos, uno más que Pato y tres más que Pippo Inzaghi, quien como siempre fue por lejos (apenas 1429 minutos jugados) el de mayor efectividad. Milan compartió con Inter la primera posición en la tabla de los gastos salartiales, con 120 millones; Kaká fue el más pagado, con un sueldo limpio de 9 millones.
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